sábado, 22 de mayo de 2010

Amiga? yo no soy tu amiga¡¡¡¡

-¡Amiga! –llamó mi "amigo" inglés a la señora que atendía- ¿Puedes traer mostaza?

Yo sonreí, me contuve y al final me decidí a comentar:

-Se acaba de confirmar que en el Perú has parado sobre todo con sectores C y D.

-¿Cómo sabes?

Yo le expliqué que en los sectores A y B no es tan común llamar “amigo” a un mozo, pues implicaría establecer una relación horizontal o cercana, con alguien percibido como socialmente inferior. En el sector E tampoco es frecuente, porque nunca comen en restaurantes.

“Amigo” se emplea mucho en sectores populares limeños para dirigirse a un desconocido que por su juventud no merece el trato de “señor” y por su extracción social no merece el trato de “joven”. En algunas ciudades, se emplea prácticamente por todos los estratos sociales, acompañado de tú o de usted.

Si se dirige a una persona equivocada, esta palabra puede generar disgusto:

-¡Yo no soy tu amiga! –le respondió con frialdad una universitaria que conozco a una vendedora de Gamarra, que había osado espetar el consabido: “-¿Qué te ofrezco, amiga?”

Para personas como esta amiga mía, parte del encanto de Wong o Vivanda es que ningún empleado “igualado” emplea las expresiones usuales en los mercados: “amigo”, “casero”, “seño” o “señito”. En esos supermercados, los empleados se limitan a decir “señor”, “señorita” o “señora” o simplemente guardan silencio, como se espera de una sumisa trabajadora del hogar. Sólo cuando una verdadera trabajadora del hogar aparece en la sección carnes o embutidos, puede volverse a escuchar, pero despacio “-¿Qué te despacho, amiga?”.

Mientras amigo implica horizontalidad, joven revela la existencia de una relación jerárquica. Se trata de un término respetuoso (siempre acompañado por usted) dirigido a un varón no casado que tiene cierto poder (como una versión femenina de “señorita”). Por eso, las empleadas del hogar llamarán así al hijo de la familia donde trabajan, aunque sea mucho mayor que ellas (o les doble la edad, como sucede en mi caso). Sin embargo, también alguien que se considera en una situación social superior puede decir joven, como algunas mujeres de sectores altos y medios cuando al dirigirse a un mozo o un taxista.

Mientas joven es una palabra usada predominantemente por mujeres, entre varones existen diversas palabras (compadre, pata, socio, ‘on, flaco, broder, causa, cuñado, etc), que trascienden estratos sociales, carecen de connotación jerárquica y se usan entre conocidos o desconocidos, desde el emotivo“¡Tú eres mi pata!” hasta el indiferente: “Pregúntale al pata que atiende”. Maestro es la palabra que puede introducir una distancia, porque se usa con usted y la emplean las mujeres hacia un gasfitero o un electricista. Entre hombres, también suele tener un tono de falsa solemnidad.

A cierta edad, aparece el término hijito/a, normalmente para dirigirse a una persona más joven de condición social inferior. Lleva implícito el tuteo y suele encubrir un reproche: “¡Apúrate, hijita!”, aunque una señora más coloquial le dirá a su jardinero eficiente: “¡Te pasaste, hijito!”.

Los términos pueden cambiar con el tiempo. Por ejemplo, actualmente, sólo personas mayores llamarían “niña” a la cajera de una tienda. Otro cambio lo he visto en la última década en mi Universidad, donde los profesores hemos pasado de ser llamados “doctor” (tengamos o no Doctorado) a “profe” o, en el mejor de los casos “pro’sor” (aunque siempre de usted). Ahora sólo las secretarias y el personal de limpieza usan el “doctor”. En otra universidad, que prefiero no mencionar, algunas docentes se angustian al ser llamadas “Miss” por alumnos de colegios que tampoco quiero mencionar.

Últimamente algunos que pretenden ser progresistas llaman cholo a sus amigos (con el argumento que “todos los peruanos somos cholos”). Otros, más osados, recrean términos llamando a sus patas chicho o bróster.

En la vida cotidiana, uno puede pasar de ser señor a choche o de doctor a hijito en dos minutos, dependiendo de con quién esté alternando. A veces se produce en la misma persona un cambio abrupto, como sucede cuando un taxista empieza tuteándome y luego, por algo que dije (o por dejar propina) pasa al “señor”. Ocurre también a la manera inversa.

El problema con las expresiones coloquiales y el tuteo, es que muchas veces quien habla así con un desconocido pretende que le contesten de usted, estableciendo una relación vertical. Por eso yo prefiero decir “señor” y, cuando siento confianza con alguien como para tutearle, intento saber su nombre, sean alumnos, taxistas o colegas de la piscina. Por eso también, en la sierra, me resisto a mamita, papá o papacito lindo porque los siento como demasiado ambiguos, que se emplean tanto para señalar la superioridad o la inferioridad de una persona.

En una sociedad tan jerarquizada y discriminadora como la nuestra, aún las expresiones aparentemente horizontales pueden encubrir relaciones de poder

miércoles, 21 de abril de 2010

SE ACABO?

Articulo original: http://ow.ly/1BvFC

¿En qué momento se había jodido todo?, ¿a dónde se fueron las palabras de amor y los ruegos de Inés de "no me dejes nunca, por favor"? Martín no solo había perdido a su princesa. Con ella se le extravió la felicidad, se le congeló el amor, y en su alma se alojó una nostalgia que hasta hoy parece ser perpetua.

Martín era un muchacho soñador y noble que siempre se nutrió de libros, películas, y aprendió de canciones, de esas que abundan en Quilca. Inés se enamoró de él y de su mundo encantador. La envolvió en una realidad que ella siempre desconoció, la atrapó, la cautivó, y se convirtió en la mejor compañera que aún añora.

Jugaban a ser esposos, paseaban de la mano por el parque El Olivar, en San Isidro, donde él le confesaba que estaba orgulloso de tener como enamorada a la chica más linda de todas. Se entregaban a ese profundo deseo de estar desnudos amándose. Conversaban hasta el hartazgo de sus planes cuando vivieran juntos con hijos, muchos hijos, y sobre las historias de él cuando estudiaba en San Marcos y fundó la Trinchera Norte. Creo que la única competencia que tenía el amor de Inés era con la adorada U de Martín. También creo que después de Inés, él nunca más volvió a estar en la cama con una mujer a la que amara tanto como a ella. Sus nuevas relaciones solo servían para confirmar que, aunque sea muy viejito, siempre amaría a aquella princesa de los días gloriosos.

Cuánto hubiera querido Martín eternizar esos instantes al lado de su Inés, a la que una vez le regaló un polo en el que se leía: Te amo√-1 mi amor es irracional. Un poema de Luis Hernández.

Pero, vinieron tiempos difíciles, Inés cambió. En palablas de Pablo Milanés: el tiempo pasa y el amor no se refleja como ayer. Las conversaciones se convirtieron en discusiones y la distancia le declaró la guerra al amor de Inés y Martín. La sonrisa enamorada de ella se le desdibujó del rostro y el pequeño mundo que habían construído se desvaneció. Lo único que no cambió fue el amor imperecedero de Martín a su querida Inés.

Él cumplió la promesa, que se hizo asímismo, de no buscarla más, de no caminar por los lugares donde ella podía estar. Temía y, aún teme, encontrarla de la mano de otro hombre. De esa delicada mano que le regaló mil caricias mágicas de amor.

Nunca la olvidó, por el contrario, su recuerdo aún está tatuado en su corazón. Pero, no supo nunca más de Inés durante dos años.

Un día, de esos aciagos días que se convierten en imborrables, Martín miraba un partido de fútbol en la tele y sonó el teléfono.

-¿Aló?

-Hola, Martín. Soy Inés.

Martín tembló. Los latidos de su corazón se hacían más intensos.

-Estaba viendo el Mundial y me acordé de ti.

¿Es tan fácil llamar, después de tanto tiempo, sin pensar en que podemos moverle el piso a esa persona que nos esperó siempre?

Volvió a escuchar esa vocecita que tanto había extrañado en las eternas noches de soledad.Quería verla, amarla otra vez. Ir corriendo a sus brazos.

La conversación duró pocos minutos pero intercambiaron correos.

Martín corrió a contarme feliz el retorno de su antigua compañera, y llamó a la mejor amiga de Inés para que le diera señales del súbito retorno. Acaso, deseando que le respondiera: porque te ama y nunca se olivó de ti. Nadie la volvió amar como tú.

Pero recibió una dolorosa noticia.

Ví a Martín caminar hacia mí, temblando y con los ojos enrojecidos.

-Inés tiene un hijo de un año.

Se mordió el labio, cerró los ojos, y las lágrimas cayeron sobre su mejilla.

No sabía qué mierda decirle. Solo cogí su hombro fuertemente y lloré con él.